Las historias de los santos tienen mucho que enseñarnos. Eran personas ordinarias que escucharon el llamado de Dios y eligieron seguirle.
San Antonio escuchó por primera vez el llamado de Dios hacia la Orden Agustiniana, donde dedicó ocho años a la oración y al estudio. Pero cuando las reliquias de los primeros mártires franciscanos llegaron a su monasterio, sintió el llamado de seguir el camino de San Francisco. Partió hacia Marruecos con la esperanza de convertirse en mártir por Cristo, pero una enfermedad le impidió llegar a su destino. De regreso a casa, su barco fue desviado por el viento y llegó a Sicilia. En 1222, fue llamado de manera inesperada a predicar, y quienes lo escucharon reconocieron de inmediato sus extraordinarios dones.
San Francisco le concedió a Antonio el permiso para enseñar a los nuevos hermanos, y con el tiempo llegó a ser el primer teólogo de la Orden Franciscana. Poco a poco, se hizo célebre como predicador, maestro y taumaturgo.
¿Qué podemos aprender de la historia de San Antonio? Que Dios frecuentemente nos guía por caminos que no esperamos. Antonio planeaba llevar el Evangelio a los pueblos del norte de África. En cambio, Dios lo llamó a convertirse en uno de los más grandes predicadores y maestros de la Iglesia. Antonio escuchó con humildad y confió en el plan de Dios, acogiendo cada nueva oportunidad que se le presentaba.
No todos están llamados a la vida religiosa ni a viajar como misioneros. Pero cada uno de nosotros está llamado a compartir la Buena Nueva de Jesucristo. Una sonrisa, una palabra amable o una mano tendida pueden convertirse en actos de evangelización. Como San Antonio, también nosotros estamos llamados a crecer en nuestra fe. Leer las Escrituras, estudiar el Catecismo y escuchar podcasts católicos de confianza son formas maravillosas de profundizar nuestra comprensión de Cristo y prepararnos para compartir esa fe con los demás.
Quizás durante estos días de verano podamos dedicar algún tiempo a crecer en nuestra fe y a buscar oportunidades sencillas de compartirla, tanto de palabra como de obra.












