Peregrinación franciscana
Hacer una peregrinación franciscana siempre es una experiencia inolvidable, un viaje espiritual que se comparte en comunidad con otras almas fieles.
Asociados de la Misión Franciscana guía a benefactores y colaboradores en un viaje de peregrinación por lugares sagrados bajo la dirección de uno de nuestros frailes franciscanos.

Caminando tras las huellas de San Francisco: La Peregrinación Jubilar de los Asociados de la Misión Franciscana a Italia

Del 14 al 23 de abril de 2026, un grupo de peregrinos guiados por los Asociados de la Misión Franciscana recorrió Italia con motivo del Jubileo por el 800.º aniversario de San Francisco de Asís, siguiendo las huellas del santo cuya vida sigue marcando a la Iglesia y al espíritu franciscano de nuestros días.
La peregrinación fue dirigida por Fr. Alvin, OFM, Director Ejecutivo de los Asociados de la Misión Franciscana, con el acompañamiento de Fr. Bruce, OFM, y el Hno. Kevin Gabriel, OFM, entonces diácono transitorio. Las Misas diarias en los santuarios franciscanos y un ritmo pausado permitieron a los peregrinos orar, reflexionar y dejarse envolver por el espíritu de cada lugar.
Asís fue el corazón del recorrido. Los peregrinos oraron ante la tumba de San Francisco, visitaron la Porciúncula, donde él escuchó por primera vez la llamada del Evangelio a reconstruir la Iglesia, y se dirigieron a San Damián, donde el crucifijo le habló con las palabras: «Ve, repara mi casa, que como ves está en ruinas.»
En Gubbio, los peregrinos meditaron sobre la entrega radical de Francisco a la pobreza y la célebre historia del lobo, símbolo perdurable de una paz alcanzada por la compasión y no por la fuerza.
En Fonte Colombo, el tranquilo eremitorio donde Francisco redactó la Regla definitiva de la Orden, los peregrinos encontraron la sencillez y la austeridad que son el alma de la vida franciscana.
Greccio, conocido como el «Belén franciscano,» evocó el primer pesebre viviente que Francisco preparó en 1223, un acontecimiento que dio forma a las tradiciones navideñas que hoy se celebran en todo el mundo.
Para muchos, La Verna fue la cumbre espiritual de la peregrinación. Allí, Francisco recibió los estigmas en 1224 durante una intensa oración. El santuario en la montaña sigue siendo uno de los lugares más sagrados de la tradición franciscana.
Roma puso punto final al recorrido con visitas a la Basílica de San Juan de Letrán, San Francesco a Ripa y la Basílica de San Pedro, donde se celebró la Misa de clausura. Allí, los peregrinos reflexionaron sobre la profunda fidelidad de Francisco a la Iglesia y el lugar perdurable del carisma franciscano en ella.
Para los Asociados de la Misión Franciscana, esta peregrinación reflejó el corazón de su misión: acompañar a los benefactores no solo a través de obras de caridad, sino también en la fe misma. Mientras la Iglesia continúa celebrando el Jubileo por el 800.º aniversario de San Francisco, damos gracias por poder caminar con ustedes en este sendero de renovación.
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Caminando tras las huellas de San Francisco: La Peregrinación Jubilar de los Asociados de la Misión Franciscana a Italia

Del 14 al 23 de abril de 2026, un grupo de peregrinos guiados por los Asociados de la Misión Franciscana recorrió Italia con motivo del Jubileo por el 800.º aniversario de San Francisco de Asís, siguiendo las huellas del santo cuya vida sigue marcando a la Iglesia y al espíritu franciscano de nuestros días.
La peregrinación fue dirigida por Fr. Alvin, OFM, Director Ejecutivo de los Asociados de la Misión Franciscana, con el acompañamiento de Fr. Bruce, OFM, y el Hno. Kevin Gabriel, OFM, entonces diácono transitorio. Las Misas diarias en los santuarios franciscanos y un ritmo pausado permitieron a los peregrinos orar, reflexionar y dejarse envolver por el espíritu de cada lugar.
Asís fue el corazón del recorrido. Los peregrinos oraron ante la tumba de San Francisco, visitaron la Porciúncula, donde él escuchó por primera vez la llamada del Evangelio a reconstruir la Iglesia, y se dirigieron a San Damián, donde el crucifijo le habló con las palabras: «Ve, repara mi casa, que como ves está en ruinas.»
En Gubbio, los peregrinos meditaron sobre la entrega radical de Francisco a la pobreza y la célebre historia del lobo, símbolo perdurable de una paz alcanzada por la compasión y no por la fuerza.
En Fonte Colombo, el tranquilo eremitorio donde Francisco redactó la Regla definitiva de la Orden, los peregrinos encontraron la sencillez y la austeridad que son el alma de la vida franciscana.
Greccio, conocido como el «Belén franciscano,» evocó el primer pesebre viviente que Francisco preparó en 1223, un acontecimiento que dio forma a las tradiciones navideñas que hoy se celebran en todo el mundo.
Para muchos, La Verna fue la cumbre espiritual de la peregrinación. Allí, Francisco recibió los estigmas en 1224 durante una intensa oración. El santuario en la montaña sigue siendo uno de los lugares más sagrados de la tradición franciscana.
Roma puso punto final al recorrido con visitas a la Basílica de San Juan de Letrán, San Francesco a Ripa y la Basílica de San Pedro, donde se celebró la Misa de clausura. Allí, los peregrinos reflexionaron sobre la profunda fidelidad de Francisco a la Iglesia y el lugar perdurable del carisma franciscano en ella.
Para los Asociados de la Misión Franciscana, esta peregrinación reflejó el corazón de su misión: acompañar a los benefactores no solo a través de obras de caridad, sino también en la fe misma. Mientras la Iglesia continúa celebrando el Jubileo por el 800.º aniversario de San Francisco, damos gracias por poder caminar con ustedes en este sendero de renovación.
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