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Confiar en la dirección de Dios

La palabra obediencia proviene del latín ob audire, que tiene que ver literalmente con oír, o quizás más exactamente, con escuchar. Si verdaderamente escuchamos a quien nos guía, no solo oímos lo que quiere que hagamos, sino que podemos percibir que hay un propósito detrás de ello. Este tipo de escucha engendra comprensión, y con esa comprensión, estamos dispuestos a seguir la dirección recibida. 

Las autoridades guiadas por el poder pueden ser difíciles de comprender, pues sus órdenes no provienen de un lugar de misión, sino de un lugar de dominación. Ciertamente, esta no era la manera en que San Francisco de Asís lideraba. Como dijimos la semana pasada, se esforzaba por liderar con el ejemplo, y eso generó un gran espíritu de obediencia entre los hermanos.

Con frecuencia se le pedía a San Francisco que enseñara a los hermanos a orar. Por su sencillez, aún no conocían la oración oficial de la Iglesia, la Liturgia de las Horas, o breviario. San Francisco les enseñó simplemente a rezar el Padrenuestro y esta breve oración: «Te adoramos, oh Cristo, en todas Tus iglesias que hay en el mundo entero, y Te bendecimos, porque por Tu santa Cruz redimiste al mundo.» Esta sencilla instrucción fue como oro para los hermanos. Recitaban estas oraciones con frecuencia y en muy diversas circunstancias.

San Francisco también instruyó a los hermanos a obedecer a las autoridades legítimas de la Iglesia, sacerdotes y obispos, incluso cuando estos prelados no fueran ellos mismos muy santos. La obediencia que mostraban era hacia Dios y hacia las enseñanzas de la Iglesia, no necesariamente hacia el sacerdote u obispo en particular.

Sin duda, los hermanos no siempre estaban de acuerdo con lo que se les pedía. Sin embargo, la obediencia no requiere acuerdo. Requiere humildad. San Francisco era humilde, y así los hermanos tuvieron la humildad de aceptar la dirección que él les daba. Esto, ciertamente, nos ofrece un ejemplo a cada uno de nosotros.

Esta semana, reflexionemos sobre nuestra propia obediencia, pidiendo a Dios la humildad para aceptar la dirección recibida aun cuando no comprendamos del todo o no estemos de acuerdo, confiando como los hermanos en la guía de San Francisco.

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