Únete a nuestra Peregrinación Anual del 14 al 23 de abril del 2026
Celebra el 800.º aniversario del fallecimiento de nuestro padre, San Francisco.
¿Cómo me entrego? - Franciscan Mission Associates (FMA)

¿Cómo me entrego?

La pregunta de cómo entregarse se ha planteado desde que existen los seres humanos. Cada vez que una persona reconoce que hay un poder más grande que ella, con un plan para su vida, se le invita a entregarse a ese plan. Sin embargo, desde siempre, quienes han intentado hacerlo han descubierto que la entrega no es fácil.

¿Cómo, entonces, se llega a la entrega? ¿Existe una fórmula especial que seguir, las palabras perfectas que decir o algún remedio que haga que la entrega sea sencilla?

El primer paso hacia la entrega es reconocer qué nos pide el Señor. Este reconocimiento solo es posible a través de la oración. Sin una relación personal con Dios, fortalecida mediante una comunicación constante, no podemos llegar a comprender Su plan para nuestra vida. Cuando escuchamos con atención, el camino correcto se va revelando poco a poco a nuestro corazón y a nuestra mente. Lo que Dios nos pide puede ser difícil. Puede implicar cambiar de lugar de residencia o de trabajo, mantenernos firmes en una convicción moral que provoca división, o aceptar el sufrimiento físico. La entrega exige confiar en el plan de Dios una vez que ha sido discernido.

La confianza puede compararse con un niño que se encuentra al borde de una piscina mientras uno de sus padres lo anima a saltar a sus brazos. El niño siente miedo, pero cuando finalmente salta y es sostenido, ese miedo se transforma en alegría. Confiar en Dios no es fácil. Como seres humanos, a veces nos cuesta confiar incluso en quienes podemos ver, y más aún en Dios, a quien no vemos. La confianza espiritual suele requerir tiempo. En ocasiones, intentamos convencer a Dios de que cambie Su plan para que se ajuste más a lo que nos resulta seguro. Incluso Jesús hizo esto en el Huerto de Getsemaní, cuando pidió al Padre si había otro modo de llevar la salvación a la humanidad que no fuera la Cruz.

Esto nos lleva al último paso: la resignación. La palabra resignación suele tener un sentido negativo, como si implicara una aceptación sin deseo. Sin embargo, en el sentido espiritual, la resignación significa elegir hacer lo que Dios nos pide porque confiamos en que Su plan es mejor que el nuestro. Después de pedir que hubiera otro camino para cumplir Su misión, Jesús finalmente oró: «no se haga mi voluntad, sino la Tuya».

Estos tres pasos son esenciales para practicar la virtud de la entrega en nuestra vida. No son fáciles, pero con la ayuda de Dios, son posibles.

Scroll to Top