San Francisco de Asís organizó la primera representación del pesebre —ocurrió en el pueblo de Greccio, Italia, en el año 1223.
La idea se le ocurrió mientras buscaba una manera de ayudar a las personas no solo a imaginar la humildad de Dios, sino a experimentarla. Francisco mismo había visitado el pesebre en Belén años antes, y le había dejado una fuerte impresión el hecho de que Dios eligiera nacer pobre, en un establo. Francisco quería que otros pudieran experimentar ese mismo entendimiento profundo.
Así que, con la ayuda de un noble, Francisco comenzó a preparar un pesebre con heno en una cueva. Dio vida a la escena con personas reales y animales del establo.
La noche de Navidad, los hermanos franciscanos del lugar y la gente del pueblo se reunieron ante el pesebre para celebrar la Eucaristía. Fue un evento que según el biógrafo de Francisco, San Buenaventura, estuvo lleno de gozo y reverencia:
“El Niño Jesús fue despertado en muchos corazones por la gracia del santo siervo Francisco y devuelto a la vida por su poderosa memoria.”
— San Buenaventura (Legenda Maior, X.7)
Hay mensajes importantes que podemos extraer del acto creativo de san Francisco:
El amor de Dios es concreto
Todos hemos recibido el don de experimentar la maravillosa capacidad que tiene la humanidad —incluso un bebé— para comunicar ese amor.
La Navidad es una celebración comunitaria
Toda persona está unida en el nacimiento de Dios hecho hombre —ricos y pobres, laicos y clérigos.
Todos los seres humanos están llenos de gracia y pueden llegar a ser como Dios
Dios no se rindió con nosotros. Más bien, eligió tomar nuestra semejanza. En su sabiduría insondable, Dios decidió usar nuestra propia humanidad para comunicarnos su gran amor divino.
Francisco veía a Jesús como el modelo perfecto de ser humano —aquel que marcó el camino y estableció el estándar para que todos podamos caminar en el viaje de la vida diaria hacia la plenitud de vida con Dios.










