¿Alguna vez has recibido un regalo de alguien y pensado: “¿Nunca usaré esto?” Tal vez fue una prenda de ropa o un aparato que no te servía para nada. A veces guardamos esas cosas en un armario o en un cajón y nos olvidamos de ellas… hasta que surge una situación en la que resulta ser exactamente lo que necesitábamos usar o ponernos.
Los dones de Dios pueden ser así, también: talentos que creemos “inútiles”, palabras que nos vienen a la mente en el momento justo para consolar a un amigo, o bienes materiales que no valoramos para nosotros, pero que pueden ser de gran ayuda para otra persona.
No siempre reconocemos que estas cosas son dones de Dios, pero todos hemos vivido alguna situación en la que, de pronto, necesitamos algo y descubrimos lo útil que puede llegar a ser ese don que habíamos pasado por alto.
Los maestros espirituales nos dicen que “todo es don”, incluso el sufrimiento. Sí, el sufrimiento es difícil, y no, no estamos llamados a disfrutarlo, pero como cristianos, sí estamos llamados a ofrecerlo a nuestro Padre en unión con los sufrimientos de Cristo. Al hacerlo, recibimos gracia—esa fuerza invisible de Dios que habita en nosotros—y también obtenemos gracia para aquellos a quienes amamos, e incluso para personas que no conocemos.
Ayudamos a Jesús a salvar al mundo cuando reconocemos el sufrimiento como un don.
Esta semana, reflexionemos y valoremos todo lo que se nos ha dado, incluso cuando no parezca algo que queremos o necesitamos.










