Recibir reflexiones de fe, historias de nuestras misiones y oportunidades para apoyar nuestra labor.

Trust

No confíes en tu propio entendimiento

Hay algo especial en los santos. Cientos, miles, incluso millones de personas los conocen e intentan imitar sus virtudes; sin embargo, los propios santos no se consideraban personas de importancia.

Francisco practicaba esta idea del desprecio de sí mismo, con frecuencia de manera muy radical. Muchas personas lo seguían, incluso en su propia época. Cuando le preguntaban por qué, Francisco insistía en que Dios había mirado hacia abajo y había elegido a la criatura más inútil y pecadora. Esta no era una actitud fingida. Él sabía que todo bien que realizaba provenía de Dios. Él era tan solo el instrumento.

Cuando su padre exigió a Francisco que devolviera el dinero del paño que había vendido para reparar la Porciúncula, Francisco se despojó públicamente de sus ropas ante su padre y el Obispo, devolviendo cada centavo y renunciando a su condición terrena.

Cuando la gente de Asís se burlaba de Francisco, él no reaccionaba defendiéndose. Acogía todos los insultos como una manera de asemejarse a Cristo.

Francisco también actuaba intencionalmente como un bufón o un loco por Dios, considerando los golpes a su ego y a su reputación como pura ganancia espiritual.

Como mencionamos la semana pasada, Francisco también tenía cierto desprecio por su cuerpo físico. Se infligió severas penitencias, de las cuales se arrepintió notoriamente al final de su vida. Nos recuerda, sin embargo, que no debemos buscar la comodidad por encima de todo.

Sin embargo, el desprecio que Francisco sentía por sí mismo no debe interpretarse como odio propio. Él sabía que Dios era su Padre y que era amado. Su desapego de sí mismo era simplemente un instrumento que usaba para imitar a Cristo y crecer en santidad.

Esta semana, dejemos de lado nuestro propio entendimiento y confiemos, como lo hizo Francisco, en que todo bien que hagamos proviene únicamente de Dios.

Scroll to Top