Llamado a través de sencillos actos de amor – Mi historia vocacional

Por: Por: Hno. Manuel Alejandro, OFM

Nací en la Ciudad de Guatemala, pero crecí en Moyuta, Jutiapa, Guatemala, un pequeño pueblo en las laderas de un volcán, rodeado de cafetales y de un fuerte sentido de comunidad. Allí, la fe y la vida familiar estaban profundamente entrelazadas, y muchos de mis primeros recuerdos están ligados a la Iglesia.

Mis primeros pasos hacia Dios los di de la mano de mi abuela, Manuela de Jesús. Ella me enseñó que la fe se vive a través de actos de amor pequeños y concretos. Me llevaba a Misa, rezaba el rosario conmigo y visitaba a los enfermos de nuestra comunidad. A través de su ejemplo, se sembraron las semillas de mi vocación.

De niño, serví como acólito, canté en el coro y encontré alegría en estar cerca del altar. Los franciscanos también formaron parte de mi historia desde el principio. El P. Ottaviano Battolini, OFM, fue el misionero que me bautizó y guió a mi comunidad parroquial durante muchos años. Admiraba la sencillez de su vida y la cercanía que compartía con quienes lo rodeaban.

Más adelante, volví a encontrar ese mismo espíritu franciscano en el orfanato Valle de los Ángeles, donde vi a los hermanos vivir con alegría, fraternidad y amor por los pobres. Esa experiencia me ayudó a reconocer con mayor claridad hacia dónde Dios me estaba llamando.

Una Provincia arraigada en Guatemala


La Provincia de la Inmaculada Concepción tiene una larga historia en Guatemala, incluso en mi propia comunidad parroquial. Durante mis estudios de filosofía, conocí a hermanos y postulantes de la Provincia y sentí una conexión inmediata con su espíritu misionero y su apertura hacia los demás.

Lo que más me inspira de san Francisco es su humildad y su amor por los pobres. Su ejemplo me recuerda que la libertad nace de vivir con sencillez, confiar en Dios y servir a los demás.

Tuve la bendición de crecer en una familia llena de amor y de fe. Mis padres me enseñaron a confiar en Dios y a cuidar de los demás, y mis hermanos compartieron cada etapa de mi camino. Cuando comuniqué a mi familia mi vocación, respondieron con lágrimas, alegría y apoyo. Su aliento sigue fortaleciéndome hoy.

Aprender a confiar a través de la formación


Profesé mis primeros votos el 30 de agosto de 2025, y actualmente continúo mi formación en Roma como hermano de votos temporales.

Uno de los mayores desafíos de la formación ha sido aprender a soltar mis propios planes y confiar más plenamente en Dios. Vivir en nuevas culturas y adaptarme a diferentes idiomas también ha requerido paciencia y apertura.

Lo que me sostiene en esos momentos es la oración, la dirección espiritual y la fraternidad. Vivir junto a mis hermanos me ha enseñado que la formación no es algo que hacemos solos.

Encuentro alegría en los momentos sencillos de la vida franciscana: la oración en la capilla, las conversaciones con mis hermanos, las comidas compartidas y los momentos de risa juntos. Estas experiencias me recuerdan que Dios está presente en la vida cotidiana.

La generosidad de nuestros benefactores también desempeña un papel importante en este camino. Su apoyo permite que yo y muchos otros hermanos en formación sigamos estudiando y preparándonos para una vida de servicio, sin preocuparnos por las necesidades materiales.

A todos los que apoyan nuestra formación, simplemente les digo: gracias por creer en nosotros y por apoyar el futuro de la familia franciscana.

Les pedimos que sigan teniéndonos presentes en sus oraciones mientras continuamos juntos este camino.


Acerca de la formación

Los sacerdotes y hermanos franciscanos siguen los pasos del Señor Jesús y de San Francisco y aceptan el don de la pobreza como una forma de vida. No poseen nada, pero aun así comparten por igual como hermanos todo lo que Dios provee a través de su generosidad.

Educar y apoyar a un seminarista en sus estudios cuesta más de $10.000 al año. Muestre su apoyo a nuestros Hermanos Franciscanos haciendo una donación hoy mismo.

Gracias y que Dios lo bendiga.

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