Llega esa época del año: la Navidad ha venido y se ha ido, y miramos con esperanza hacia un nuevo año. ¿Qué nos traerá el 2026? Quizás muchas cosas buenas. Tal vez algunos desafíos y desilusiones. No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que, con la gracia de Dios, podremos enfrentar lo que la vida nos depare.
Este también es el momento en que muchos de nosotros hacemos resoluciones para el Año Nuevo. Tal vez queramos perder peso o superar un mal hábito. Quizás deseemos fortalecer nuestra vida espiritual con más oración, más lectura de las Escrituras, una participación más frecuente en la iglesia, y así sucesivamente. Puede que queramos mejorar o restaurar algunas de nuestras relaciones. O quizá deseemos alcanzar una meta que se nos ha escapado o que no hemos tomado el tiempo para completar.
Todas estas son excelentes ideas para resoluciones de año nuevo, y hay mil más que podríamos elegir. Al llegar al final de nuestras Reflexiones Semanales sobre la humildad, tal vez podamos hacer una resolución para este nuevo año: aumentar esta virtud en nuestras vidas en 2026.
Hacerlo puede incluir todas las cosas mencionadas arriba. Mejorar nuestra salud, nuestra vida espiritual y nuestras relaciones también nos ayudará a conocernos mejor y a vernos más como Dios nos ve —esa es, precisamente, la definición de humildad. Es un propósito valioso para el Año Nuevo.
Al asumir esta resolución, o cualquier otra, debemos ser persistentes. A menudo, una o dos semanas después de comenzar enero, nos damos cuenta de que no hemos cumplido perfectamente nuestras resoluciones. NO DEBEMOS RENDIRNOS. Construir cualquier virtud requiere esfuerzo, y no podemos abandonar el propósito solo porque no lo logramos perfectamente al primer intento. Dios nos ayudará si procuramos cooperar con Su gracia.
Esta semana, mientras consideramos nuestras resoluciones de año nuevo, prometámonos también que, cuando caigamos, nos levantaremos, nos sacudiremos el polvo y lo intentaremos de nuevo.










