Hoy es el Día de Todos los Santos. Es un día en que honramos a quienes nos han precedido y ahora están con el Señor en el cielo. Algunos de ellos son los santos canonizados, a quienes la Iglesia reconoce oficialmente. Pero la mayoría son personas sencillas y corrientes que sirvieron a Dios en esta vida y ahora descansan con Él para siempre.
Después de su conversión, Francisco cultivó una profunda relación y devoción hacia algunos santos. Su amor por la Santísima Virgen María fue un elemento central en su vida. Ella era un modelo de humildad y pobreza, dos de las virtudes más grandes que Francisco buscó. Él la hizo patrona de la Orden Franciscana y animó a los hermanos a amarla como a una madre.
Francisco también tuvo devoción a otros santos. Una devoción particular fue la de San Miguel Arcángel. Veía en él a un protector, y llegó a desarrollar lo que hoy se conoce como la Cuaresma de San Miguel: un período entre la Asunción (15 de Agosto) y la Fiesta de San Miguel (29 de Septiembre), durante el cual ayunaba y oraba, frecuentemente en soledad, por su propia santidad y la de la comunidad Franciscana.
Francisco también cultivó relaciones con personas santas de su propia época. Santa Clara fue su hija espiritual. San Antonio de Padua fue un hermano de grandes dones a quien Francisco confió la enseñanza de los hermanos. La tradición recuerda que se encontró con Santo Domingo, fundador de la Orden Dominicana.
Muchos de los primeros Franciscanos llegarían también a ser canonizados, testimonio de la influencia de Francisco en la vida de los demás.
Todos somos llamados a una relación con quienes nos han precedido. Les pedimos que intercedan por nosotros, y ellos oran por nosotros ante el Señor. En el Credo de los Apóstoles, profesamos nuestra fe en la comunión de los santos.
Esta semana, no olvidemos nuestra conexión con los santos que nos han precedido, pues ellos son amigos de Dios y compañeros en nuestro propio camino hacia Él.











