La libertad es un don maravilloso de Dios. Nos permite elegir el bien y responder libremente a Su llamado. Sin embargo, la libertad también puede usarse mal cuando se orienta hacia fines egoístas o pecaminosos.
San Pablo nos recuerda que la libertad no es una licencia para hacer lo que nos plazca. Por el contrario, conlleva responsabilidades y límites. La verdadera libertad se ejerce dentro del marco de la voluntad de Dios.
Francisco comprendía esto bien. Como fiel católico que fundaba una nueva comunidad religiosa, sabía que la Regla que había escrito requeriría la aprobación de la autoridad competente. Esa autoridad era el Papa Inocencio III. Una vez concluida la Regla, Francisco y sus hermanos viajaron a Roma para solicitar una audiencia con el Santo Padre y pedir su aprobación.
Por la providencia de Dios, el Obispo Guido de Asís se encontraba en Roma en ese momento. El Obispo Guido tenía gran estima por Francisco y los hermanos, y en un principio temía que estuvieran planeando abandonar Asís de manera definitiva. Su ejemplo se había convertido en un testimonio importante para el pueblo de la ciudad, y él era reacio a perderlos. Sin embargo, al conocer el propósito de su visita, se alegró y prometió su apoyo.
Otro defensor surgió en la figura del Obispo Juan de San Pablo, Obispo de Sabina. Aunque en un principio había animado a Francisco a seguir una vocación monástica, llegó a la convicción de que Francisco y sus compañeros estaban llamados a una vida apostólica activa, y respaldó sus esfuerzos.
Tras una cuidadosa consideración, el Papa Inocencio III aprobó la Regla y encomendó a los hermanos salir a predicar la penitencia. Reconoció el potencial de la nueva comunidad y los alentó a regresar cuando la Orden hubiera crecido, para poder otorgarles privilegios y apoyo adicionales.
No siempre sabemos cómo responderán quienes tienen autoridad ante nuestros planes, ideas o esperanzas. Francisco tampoco lo sabía. Sin embargo, confió en que Dios guiaría el corazón del Santo Padre y ayudaría a encaminar el movimiento franciscano por el sendero que Dios había dispuesto.
Esta semana, pongamos nuestra confianza en la guía de Dios, especialmente cuando nuestros planes dependen de las decisiones de otros.












