Cuando miro atrás y pienso en cómo Dios me guió a convertirme en hermano franciscano, puedo rastrear todo hasta una sencilla invitación después de la Misa dominical.
Crecí en Brooklyn, Nueva York, donde mi familia asistía a una parroquia Franciscana. Como muchos jóvenes, buscaba dirección e intentaba comprender lo que Dios quería para mi vida. Asistía fielmente a Misa cada semana, sin imaginar a dónde llevarían eventualmente esos domingos.
Un día, después de Misa, uno de los hermanos me invitó a cenar con él.
«En ese momento, creí que era simplemente una invitación a compartir una comida. Al mirarlo ahora, me doy cuenta de que fue el comienzo de algo mucho más grande.»
Esa sencilla invitación abrió la puerta a algo que no esperaba. Durante esa comida, hablamos sobre la fe, la vida y la vocación Franciscana. Más importante aún, experimenté la calidez y el genuino cuidado de la comunidad franciscana. A medida que pasaba más tiempo con los hermanos, me sentí atraído no solo por su forma de vida, sino también por la alegría que encontraban en servir a los demás. Su compromiso con la oración, la fraternidad y el ministerio me mostró que seguir a Cristo significaba vivir para algo más grande que uno mismo.

Descubriendo el llamado de Dios
Con el tiempo, lo que comenzó como curiosidad se fue convirtiendo poco a poco en un llamado.
Discernir una vocación no es algo que ocurre de la noche a la mañana. Requiere oración, paciencia y la disposición de escuchar la voz de Dios. A lo largo de ese camino, agradecí contar con hermanos Franciscanos que me animaron, respondieron mis preguntas y caminaron a mi lado mientras consideraba la vida religiosa.
Hoy, ese camino me ha traído a Roma, donde estudio Filosofía como parte de mi formación para convertirme en hermano Franciscano.

Preparándose para una vida de servicio
La formación es mucho más que lo académico. Es un tiempo de crecimiento espiritual, oración, vida comunitaria y preparación para servir al pueblo de Dios dondequiera que sea llamado.
«Estudiar en Roma me está ayudando a crecer no solo en conocimiento, sino también en la fe y en mi deseo de servir a los demás.»
Preparar a los futuros hermanos requiere años de educación y formación. A través de la Beca de San Antonio, los Asociados de la Misión Franciscana ayudan a proveer alojamiento, comidas, libros de texto y otros elementos esenciales que permiten a hombres como yo concentrarnos en responder al llamado de Dios. La generosidad de los benefactores hace posible que continuemos nuestros estudios mientras crecemos en nuestra vocación.
Gracias por hacer posible esta vocación
Al reflexionar sobre el camino que me llevó de Brooklyn a Roma, recuerdo que Dios suele actuar a través de momentos ordinarios y de la bondad de los demás. Una invitación después de Misa me ayudó a descubrir la vocación que ha dado forma a mi vida.
Hoy, estoy profundamente agradecido con todos los que apoyan la formación de los futuros hermanos Franciscanos a través de los Asociados de la Misión Franciscana.
Su generosidad es una inversión en el futuro de nuestra misión Franciscana. A medida que los hermanos son formados para servir en parroquias, escuelas, misiones y comunidades de todo el mundo, su apoyo se convierte en parte de cada vida que algún día tocarán.
Sepa que llevo en mis oraciones a todos nuestros benefactores. Gracias por creer en los jóvenes que disciernen el llamado de Dios y por ayudarnos a prepararnos para servir a Su pueblo con el espíritu de San Francisco de Asís.
Acerca de la formación
Los sacerdotes y hermanos franciscanos siguen los pasos del Señor Jesús y de San Francisco y aceptan el don de la pobreza como una forma de vida. No poseen nada, pero aun así comparten por igual como hermanos todo lo que Dios provee a través de su generosidad.
Los sacerdotes y hermanos franciscanos siguen los pasos del Señor Jesús y de San Francisco y aceptan el don de la pobreza como una forma de vida. No poseen nada, pero aun así comparten por igual como hermanos todo lo que Dios provee a través de su generosidad.
Educar y apoyar a un seminarista en sus estudios cuesta más de $12.000 al año. Muestre su apoyo a nuestros Hermanos Franciscanos haciendo una donación hoy mismo.
Gracias y que Dios lo bendiga.











