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Confianza en la mano sanadora de Dios

Todo aquel que ha leído los Evangelios ha encontrado historias de Jesús sanando a las personas. Desde exorcismos de demonios hasta el don de la vista a los ciegos, el oído a los sordos y la vida a los muertos, los Evangelistas nos relatan numerosas historias de las curaciones realizadas por Nuestro Señor.

Durante Su ministerio, Jesús compartió el poder de sanar con Sus Apóstoles, y a lo largo de los siglos ha confiado este poder a algunos de los santos, siendo Francisco uno de ellos.

Hay una historia del pueblo de Toscanella sobre un caballero que recibió al bendito santo en su hogar. El hombre tenía un hijo paralítico que carecía de fuerza en el cuerpo. Al reconocer la santidad de Francisco, el caballero le rogó que sanara al niño. Durante mucho tiempo, Francisco se negó, considerándose indigno de tal gracia. Finalmente cedió ante la insistencia del padre, bendijo al niño y lo tomó en sus brazos. El niño se levantó de inmediato, completamente curado.

Esta es solo una de las historias en las que la intercesión de Francisco trajo sanación en el nombre de Cristo. Era conocido por sanar a muchos enfermos, ciegos e incluso endemoniados, por el poder de Dios.

Un aspecto fascinante del ministerio de sanación de Francisco es que con frecuencia se hacía efectivo en su ausencia. La gente arrancaba pequeños trozos de su ropa, consumía pan que él había bendecido, e incluso tocaba a los enfermos con objetos que habían estado en contacto con el santo, y quedaban curados.

La predicación de Francisco siempre estuvo en consonancia con las enseñanzas de la Iglesia. Esto significa que él no se atribuía ningún mérito por las curaciones. Era tan solo un canal del poder de Dios. Hoy en día hay santos entre nosotros a quienes se les han dado extraordinarios dones de sanación. Pero Dios puede servirse de cada uno de nosotros a Su manera para traer sanación al mundo.

Esta semana, confiemos en la mano sanadora de Dios, y pidámosle que se sirva de nosotros, como se sirvió de Francisco, como instrumentos de Su gracia en la vida de los demás.

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