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Confianza en nuestra Madre celestial

El mes pasado, al celebrar el Viernes Santo, escuchamos el relato evangélico de la Pasión de Jesús. Desde la cruz, Jesús miró a su madre, María, y a san Juan Apóstol, y dijo a María: «Mujer, ahí tienes a tu hijo», y a Juan: «Ahí tienes a tu madre». En este momento, la Iglesia ha entendido desde hace mucho tiempo que Jesús nos encomendó a todos al cuidado y la protección de la Santísima Virgen.

Cuando muchas personas piensan en san Francisco y la Orden Franciscana, la devoción a María no siempre es lo primero que viene a la mente. Con más frecuencia, asociamos a Francisco con la pobreza, el cuidado de los pobres y el amor por la creación. Sin embargo, Francisco tenía un profundo amor por la Santísima Madre. Veía en ella a la discípula perfecta de Cristo y buscaba imitar su humildad. Su ejemplo y su cuidado maternal moldearon su espiritualidad de maneras profundas.

Para la mayoría de nosotros, la confianza en el amor y la protección de una madre es algo natural. La Iglesia enseña que, al encomendar a Juan a María, Jesús la hizo madre de todos los creyentes. En ella encontramos a una madre cuyo amor es constante y cuyo cuidado es perfecto, aun cuando nuestra experiencia humana de la maternidad pueda ser limitada o imperfecta.

Francisco encomendó toda la Orden Franciscana al cuidado de María. Reconoció que ella, por ser la más cercana a su Hijo, es una poderosa intercesora y un modelo de confianza fiel. Al celebrar el Día de las Madres, estamos invitados a recordar no solo a nuestras madres terrenales, sino también a nuestra Madre celestial, que continúa guiándonos y protegiéndonos.

Esta semana, pongámonos bajo el cuidado de la Santísima Virgen María. Confiemos en su intercesión maternal y sigamos su ejemplo de humildad y fe mientras nos acercamos más a su Hijo.

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