Trabajar por la paz, la ecología y los más vulnerables: mi vocación franciscana - Franciscan Mission Associates (FMA)

Trabajar por la paz, la ecología y los más vulnerables: mi vocación franciscana

Nací en Guatemala en 1991. Mi vida familiar fue sencilla, con momentos de unidad y también con los desafíos propios de cualquier hogar en los años noventa. Aunque no crecí en un ambiente profundamente religioso, mi familia me inculcó valores fundamentales como la solidaridad, el respeto y el trabajo arduo. Estas experiencias formaron mi sensibilidad hacia los demás y, con el tiempo, despertaron en mí el deseo de buscar un camino de dedicación y servicio.

La vida franciscana llamó mi atención por su manera concreta y cercana de vivir la fe. La figura de San Francisco de Asís, con su amor por los pobres y su entrega total a Cristo desde la sencillez, resonó profundamente en mí. En la espiritualidad franciscana encontré un espacio donde podía ser auténtico y poner mis experiencias al servicio de los demás.

Los ideales franciscanos me llamaron

La fraternidad, el trabajo por la paz, el cuidado de la creación y el compromiso con los más vulnerables se convirtieron en ideales que sentí como una llamada personal de Dios. El modo de vida franciscano me ofreció la oportunidad de conectar con las personas desde lo humano y lo espiritual, integrando la oración y el servicio en una vida llena de sentido.

Mi relación con la Provincia de la Inmaculada Concepción (IC) fue un descubrimiento inspirador. Me impresionaron su historia de servicio, su dedicación misionera y su compromiso con la formación integral de sus hermanos. Esta Provincia no solo comparte los valores franciscanos, también los vive con una autenticidad que me inspira profundamente. Su apertura a comunidades multiculturales y su enfoque en el trabajo pastoral y social reflejan un espíritu auténtico y dinámico que me motivó a formar parte de ella.

A lo largo de este camino, muchas personas han influido de manera significativa en mi vocación. Desde familiares y amigos hasta hermanos franciscanos, encontré modelos de una fe vivida con coherencia y entrega que me animaron a profundizar en mi llamado. Ellos me enseñaron que la vocación no es un ideal abstracto, sino una vida concreta de servicio y amor. Sin embargo, reconozco que Dios ha sido siempre la fuerza principal detrás de mi decisión de seguir este camino.

Durante mi formación, uno de los mayores retos ha sido equilibrar mis expectativas personales con las realidades de la vida comunitaria. Aprender a trabajar en equipo, ser flexible y acoger las diferencias de los demás ha sido un proceso enriquecedor que me ha permitido crecer en lo personal y en lo espiritual.

Caminamos este camino juntos

El apoyo de los benefactores de los Asociados de la Misión Franciscana (FMA) es un signo tangible de la Providencia de Dios y de la comunión de los santos. Gracias a su generosidad, muchos de nosotros hemos podido continuar nuestra formación y servir a comunidades necesitadas. Este apoyo no solo representa ayuda material, también nos recuerda que no caminamos solos en esta vocación.

Me comprometo a agradecer a los benefactores de FMA con mis oraciónes constantes y a honrar su generosidad viviendo mi vocación con dedicación, humildad y alegría. Creo firmemente que la mejor manera de expresar mi gratitud es demostrando que su ayuda tiene un impacto real en la vida de quienes servimos.

Para mí, el servicio es la forma más concreta de expresar el amor de Dios. No se trata solo de ayudar, sino de estar presente, caminar junto a las personas y compartir la vida con ellos. Es un acto de entrega que busca construir comunidad, especialmente entre los más vulnerables, llevando consuelo, esperanza y fraternidad.

Encuentro alegría en los pequeños detalles: ver la sonrisa de un niño, recibir la gratitud de alguien necesitado o compartir momentos de vida fraterna son experiencias que llenan mi vida de sentido. Saber que mi vocación puede marcar la diferencia en la vida de otros y contribuir a algo más grande que yo es una fuente constante de gozo.

Creo que toda vocación es un regalo que se descubre y cultiva día a día. Dios nunca deja de buscarnos, incluso cuando pensamos que estamos lejos de Él. Este camino es una invitación a vivir con autenticidad y compromiso. Estoy profundamente agradecido con quienes me han acompañado en este proceso y espero seguir aprendiendo y creciendo en esta misión que me llena de esperanza y propósito.


Acerca de la formación

Los sacerdotes y hermanos franciscanos siguen los pasos del Señor Jesús y de San Francisco y aceptan el don de la pobreza como una forma de vida. No poseen nada, pero aun así comparten por igual como hermanos todo lo que Dios provee a través de su generosidad.

Educar y apoyar a un seminarista en sus estudios cuesta más de $11.000 al año. Muestre su apoyo a nuestros Hermanos Franciscanos haciendo una donación hoy mismo.

Gracias y que Dios lo bendiga.

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